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Antes del Domingo
Preguntas que nos hacemos · Decisiones

¿Y si tomo la decisión equivocada aunque haya orado?

Orar antes de decidir no elimina la incertidumbre. Cambia la forma en que la habitamos.

16 de julio de 2026 · 5 min de lectura

Antes de aceptar un trabajo que implicaba mudar a toda mi familia, oré durante semanas. Sentí paz al decidir. Y aun así, dos años después, seguía sin saber con certeza si había sido la decisión correcta — el trabajo fue difícil, la mudanza costó más de lo esperado.

Esa incertidumbre me hizo preguntarme si había interpretado mal la respuesta que sentí, o si simplemente no había habido respuesta en absoluto.

Una posibilidad que me ha ayudado a hacer las paces con esto es pensar que orar antes de decidir no garantiza un resultado fácil. A veces la paz que sentimos no es una promesa de que el camino será sencillo, sino una confirmación de que no estamos solos mientras lo caminamos, sea cual sea el resultado.

Hoy, mirando atrás, no puedo probar que fue la decisión perfecta. Pero sí puedo decir que crecimos de maneras que no habríamos crecido de otra forma. Quizás esa es, a veces, la única confirmación que tenemos disponible.

Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.