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Antes del Domingo
Preguntas que nos hacemos · Hijos

¿Cómo hablar con un hijo que está perdiendo la fe?

El impulso es corregir rápido. Lo que más ayuda, casi siempre, es escuchar primero.

1 de agosto de 2026 · 6 min de lectura

Cuando mi hija adolescente me dijo, casi de pasada, que ya no sabía si creía en nada de esto, mi primer impulso fue responder rápido — darle una razón, una cita, algo que resolviera la conversación ahí mismo.

Por suerte me detuve antes de hacerlo. Le pregunté, en cambio, qué la había llevado a sentir eso. La respuesta tomó casi una hora, y no tuvo nada que ver con doctrina: tenía que ver con una amiga que se había alejado, con preguntas sin responder en su clase de seminario, con la sensación de no encajar.

Aprendí, esa noche, que mi papel no era ganar un argumento. Era quedarme en la conversación el tiempo suficiente para que ella supiera que podía dudar en voz alta sin perder mi cercanía.

Meses después, sigue teniendo preguntas. Algunas las hemos conversado juntas; otras las está resolviendo a su propio ritmo, con su propia relación con Dios, que no es la mía ni tiene por qué serlo. Lo que sí sé es que, si algún día quiere volver a hablar de esto, mi puerta seguirá abierta — no como una imposición, sino como una invitación.

Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.