Lo que el lunes me enseña sobre lo que creo el domingo
Es fácil sentir la fe clara en una capilla. La prueba real llega en una reunión de trabajo tensa.
19 de febrero de 2026 · 4 min de lectura
El domingo es fácil sentirse en paz. La música, el ambiente, las palabras conocidas — todo ayuda. El lunes es otra historia: un correo agresivo, una decisión bajo presión, la tentación de cortar camino para quedar bien con un jefe.
Empecé a notar que mis creencias del domingo casi nunca se ponían a prueba el domingo mismo. Se ponían a prueba el martes, cuando tuve que decidir si corregía un error que nadie más había notado, o el jueves, cuando alguien se llevó el crédito de un trabajo que era mío.
No siempre elegí bien. Pero cada vez que sí lo hice, noté algo: la decisión pequeña y silenciosa de actuar con integridad en una oficina donde nadie estaba mirando terminó siendo, para mí, una forma de oración tan real como cualquier otra.
El domingo sigue siendo importante. Pero cada vez entiendo mejor que es una preparación, no el destino. La fe se mide, casi siempre, en lo que hacemos antes del próximo domingo.
Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.