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Antes del Domingo
Historias · Dinero

El diezmo, el despido y los seis meses que siguieron

No es una historia de un milagro financiero. Es una historia sobre qué significó seguir pagando cuando ya no tenía sentido en el papel.

22 de enero de 2026 · 6 min de lectura

Me despidieron un martes de octubre. Tenía ahorros para tres meses, dos hijos pequeños y una hipoteca que no esperaba. La primera vez que llegó un ingreso pequeño después de eso — un trabajo esporádico — dudé, por primera vez en mi vida adulta, si pagar el diezmo completo.

No voy a decir que pagarlo resolvió mi situación financiera de forma milagrosa, porque no fue así. Los seis meses que siguieron fueron difíciles de verdad: recortamos gastos, vendimos cosas, aceptamos ayuda de mi hermano en dos ocasiones.

Lo que sí puedo decir es que pagar, incluso en esos meses ajustados, cambió algo en cómo enfrenté la incertidumbre. No me sentía en control de mi situación laboral — nadie lo estaba — pero sí sentía que estaba eligiendo, de forma consciente, no dejar que el miedo dictara todas mis decisiones.

Encontré trabajo en abril. No cuento esto como prueba de que la fórmula funciona siempre igual para todos — conozco personas fieles que atravesaron dificultades mucho más largas. Cuento esto porque a mí me ayudó a entender el diezmo menos como una transacción y más como una práctica de confianza, incluso — sobre todo — cuando los números no cuadraban.

Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.