Dirigir un cuórum sin tener todas las respuestas
Aceptar liderar significa, casi siempre, aceptar que no vas a saberlo todo desde el primer día.
2 de febrero de 2026 · 5 min de lectura
Cuando me llamaron a presidir el cuórum, esperaba sentir algo parecido a preparación. En cambio sentí, sobre todo, la certeza de cuánto no sabía: sobre las necesidades reales de los hombres a mi cargo, sobre cómo delegar sin controlar, sobre qué significa realmente "presidir" en un contexto de servicio voluntario.
Los primeros meses cometí errores por exceso de control. Quería que todo saliera bien y terminaba haciendo yo mismo el trabajo que debía delegar, agotándome y, sin darme cuenta, restándoles a otros la oportunidad de crecer en su propio servicio.
Un consejero mayor que yo me dijo algo que no he olvidado: liderar en la Iglesia no se trata de tener el control, sino de confiar — en las personas, en el proceso, y en que no todo depende de una sola persona.
Sigo sin tener todas las respuestas. Pero he aprendido a liderar con esa incertidumbre en vez de esconderla, y curiosamente, eso ha generado más confianza en el cuórum, no menos.
Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.