Enseñar a jóvenes que hacen preguntas que no sé responder
Durante años pensé que enseñar significaba tener todas las respuestas. Estaba equivocado.
11 de mayo de 2026 · 5 min de lectura
La primera vez que un joven me hizo una pregunta que no supe responder, sentí que había fallado en mi llamamiento. Improvisé una respuesta a medias y cambié de tema lo más rápido que pude.
Con el tiempo entendí que esa reacción — cubrir la incertidumbre con una respuesta rápida — le enseñaba algo peor que no saber: le enseñaba que las dudas no tienen lugar en esa aula.
Ahora, cuando no sé algo, lo digo. "No tengo una respuesta clara para eso, pero pensemos juntos qué sabemos y qué no." Al principio me incomodaba la vulnerabilidad de admitirlo frente a un grupo de adolescentes. Ahora creo que es, quizás, la lección más importante que les puedo dar.
Enseñar dejó de sentirse como transmitir certezas y empezó a sentirse como acompañar preguntas. Ha sido, sin duda, la forma más honesta — y también la más difícil — de estar frente a esa clase.
Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.