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Antes del Domingo
Historias · Llamamientos

El llamamiento que no quería aceptar

Dije que sí por obligación. Lo que encontré ahí terminó cambiándome a mí, no a quienes debía servir.

5 de junio de 2026 · 5 min de lectura

Cuando me llamaron a trabajar con los jóvenes, mi primera reacción fue de resistencia. No me sentía preparado, y honestamente, tampoco tenía muchas ganas: mi propia semana ya estaba llena.

Acepté por sentido del deber, no por entusiasmo. Las primeras reuniones fueron torpes. No sabía cómo conectar con adolescentes que tenían la mitad de mi edad y preocupaciones que no recordaba haber tenido a esa edad.

El cambio llegó despacio, casi sin que lo notara. Una tarde, uno de los jóvenes me contó algo que no le había contado a nadie más. No porque yo hubiera dicho algo especialmente sabio, sino porque, semana tras semana, me había mostrado disponible.

Dos años después, ese llamamiento — el que no quería aceptar — es una de las experiencias que más ha formado mi manera de servir. No transformé a esos jóvenes tanto como ellos me transformaron a mí.

Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.