La noche que volví a abrir las Escrituras después de un año
No hubo un motivo grande. Solo una noche larga y un libro que llevaba tiempo cerrado.
2 de julio de 2026 · 4 min de lectura
No fue una decisión planeada. Era una de esas noches en que no podía dormir, y el libro estaba en la mesa de noche desde hacía tanto tiempo que ya casi no lo veía.
Lo abrí sin buscar nada en particular. Leí un par de páginas de donde había quedado marcado, sin recordar bien el contexto. No sentí un rayo de claridad. Sentí, más bien, algo parecido a volver a un lugar conocido después de mucho tiempo fuera.
Al día siguiente lo volví a abrir. Y al otro también. No por disciplina — todavía no tenía ese tipo de constancia — sino porque algo en esa primera noche me había recordado que aún quería estar ahí.
Han pasado meses desde entonces. No leo todos los días. Pero ya no es un libro cerrado en una mesa de noche. Es un lugar al que sé que puedo volver, incluso — sobre todo — después de haberme ido por mucho tiempo.
Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.