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Antes del Domingo
Historias · Oración

Cuando orar se siente como hablar solo

El silencio en la oración no siempre significa ausencia. A veces es un tipo distinto de presencia.

8 de enero de 2026 · 4 min de lectura

Durante el año más difícil de mi vida adulta, oré casi todas las noches y sentí, la mayoría de esas noches, que hablaba con una habitación vacía. No era enojo con Dios. Era, simplemente, silencio.

Seguí orando de todos modos, más por costumbre que por convicción activa en ese momento. Le contaba mi día, mis miedos, mis dudas sobre si alguien estaba escuchando siquiera.

Meses después, ya del otro lado de esa temporada, miré hacia atrás y noté algo que no había visto mientras lo vivía: nunca dejé de orar. En medio del silencio más largo de mi vida, seguí presentándome cada noche.

No puedo explicar por qué el cielo se sintió tan callado esos meses. Pero puedo decir que ese hábito, sostenido sin sentir nada especial, terminó siendo una de las pruebas más claras de fe que he vivido — aunque en su momento no lo sintiera así en absoluto.

Este texto es una reflexión personal y no representa una postura oficial ni doctrinal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Para consulta doctrinal, recomendamos acudir a las Escrituras y a los recursos oficiales de la Iglesia.